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ISSN 1989-4163

NUMERO 53 - MAYO 2014

La Felatio

Jesús Zomeño

En el tren nocturno que había salido de Dartmoor hacia Londres, Watson le propuso a Holmes una felatio .

-Algo mecánico, sin afecto, solo para dormir mejor –explicó.

Holmes meditaba sobre algunos detalles del caso de los carteros capados , una historia de la que Watson omitiría algunos detalles hasta teñirlo de novela romántica en “El perro de los Baskerville”. Tres carteros habían muerto desangrados al ser castrados en el páramo. Resultó ser obra de la Señora Stapleton, viuda de Jack Stapleton, el cartero del pueblo durante treinta y dos años, muerto en un accidente sin que a ella le respetasen el derecho a seguir usando la casa de la planta superior de la oficina de correos. La mujer, resentida, había adiestrado al animal para que capase a los que vistiesen el uniforme de cartero. La viuda le había afilado los dientes delanteros, pero le arrancó todos los demás. Así el perro los castraba de un bocado pero, como no podía masticar los testículos porque ya no tenía muelas, la presa arrancada la llevaba a su dueña. La señora Stapleton guardaba los trofeos en un tarro con formol. Tremendo el pene y los testículos de Henry Baskerville, la segunda víctima.

Holmes no supo en qué momento del caso, a su amigo Watson se le ocurrió lo de la felatio. Puede que por la urgencia de hacer uso de aquello que tan fácil resultaba arracar, según lo visto. En todo caso, Holmes consideraba importante la experimentación, como base del conocimiento e instrumento de la deducción para resolver sus casos.

-De acuerdo –dijo Holmes-, pero antes de empezar debe asegurarme que conoce la técnica y que no usará los dientes. Además tampoco debe acariciarme los testículos ni juguetear con la lengua, ni siquiera para sacudir el frenillo, esos detalles son femeninos y me resultaría vergonzoso; mucho más si me introduce un dedo por el ano mientras me succiona el pene. Cuentan que la técnica del dedo por el ano aumenta la excitación, pero no es propio de un caballero aceptarlo. Basta con algo sobrio y viril. Le avisaré cuando esté preparado para eyacular. Por si prefiere sacarlo de la boca y terminar agitándolo con la mano, le prepararé un pañuelo para no manchar la tapicería del vagón. Pero, en todo caso, lo dejo a su elección...

-Un malentendido lamentable –replicó Watson-. Había dado por supuesto que sería usted quien quisiera hacerlo. Además, por mi parte, he comido en exceso. La carne mechada con guarnición de champiñones, me haría vomitar si meto algo más en mi boca.

-Vaya, lo entiendo. Es cierto, ha sido lamentable el malentendido. Déjeme ver el Times.

-Espero que me entienda, Holmes, los champiñones estaban condimentados con exceso de curry. Suponía que usted, que ha cenado frugalmente una fruta, estaría más dispuesto al experimento.

-Por favor, no insista. Finjamos que esto nunca ha sucedido.

 

 

La felatio

 

 

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