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ISSN 1989-4163

NUMERO 53 - MAYO 2014

La Madre de Andrés

Francisco Gómez

 

Hace poco me enteré de una noticia que, no por común y misteriosa, fue menos dolorosa. La madre de mi amigo Andrés se ha ido a recorrer otros cielos, otros mares, otros soles y lunas un día cualquiera de tantos. Sin hacer ruido, humilde y discreta como es (y lo escribo en presente porque las personas que ocupan un hueco en nuestro corazón nunca se van del todo).

Ella es de las personas que bendicen la tierra que pisan, como tantas otras y otras que caminan mundo adelante con humanidad y galanura. Buena mujer, buena esposa, buena madre, buena abuela. Buena persona. Desde su Aleph particular, en un rinconcito de este Elche amado y odiado al tiempo, ella construía un universo de afectos, cariños y amores con paciencia hacia la calle, la ciudad, el mundo para hacer la ruta más humana, acogedora con sus familiares, vecinos, amigos.

Igual que lo hacía mi vecina María Dolores, también abuela, también madre (la palabra más hermosa y profunda del diccionario humano). Igual que Cándido, un hombre bueno y trabajador que otro día de tantos se fue a visitar otras tierras, otras veredas tras el azul del misterio.

No sé, me resulta difícil escribir y no contener las lágrimas que asoman por las ventanas del cuerpo. Recuerdo y añoro su hospitalidad cuando de adolescente entraba a su bondadosa casa en el grupo de Cáritas y me recibía hospitalaria. Yo me encaminaba a la habitación de Andrés, llena de libros que aumentaban mi curiosidad y sus manuales y el tablero de ajedrez para ensayar estrategias que seguro le habrán venido muy bien años después.

De la ausencia de su madre, me enteré días después de realizarse el desenlace inesperado. Sentí no decirle que lo sentía mucho a mi amigo, a su marido. Y la vida parece que sigue con su ritmo de días y noches, de vértigos y prisas pero hay un rincón de Elche que ya no es el mismo porque ella no está para cubrirlo con su presencia amorosa.

Es curioso que la vida sea un tren en continuo movimiento, como han reflejado escritores, poetas, ensayistas. A medida que andas por sus raíles, bajan y suben amigos, amores, vecinos, familiares a tu vagón. Como tú subes y bajas de otros compartimentos.

Creo que me entran ganas de llorar. Por tantas y tantas buenas personas que se van y nos dejan un poco más huérfanos.

Lo siento, se acabó por hoy la literatura.

 

 

 

 

La madre de Andrés

 

 

 

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