AGITADORAS

PORTADA

AGITANDO

CONTACTO

NOSOTROS

     

ISSN 1989-4163

NUMERO 53 - MAYO 2014

La Casta Natural

Francisco Manzo-Robledo

“Desperté en el vaivén de tus ojos de mar”, dijiste, ¿te dije? Tú / Yo en renuncia a la individualidad y el uno y el otro dándolo sin condiciones, como volver a nacer; como si una parte fuera el/la dios(a) en el pedestal y la otra la víctima del sacrificio lista para ser inmolada y ambas partes a un mismo tiempo en los dos papeles, una dio víc sa tima. Aunque el rito sólo dure lo que dure y se lleve a cabo en ocasiones contadas, ese corto acto, es lo que une por siempre una parte con la otra, cada entrega mutua es un pedazo de alma que se intercambia entre los pliegues del goce y los rictus del éxtasis. El acto, es decir, ese momento y no lo que a él rodea, es mucho más que un conjunto de movimientos rítmicos y acompasados al unísono: es la forma en que la falta de palabras es suplida por incoherencias que vienen en un tumulto sin poder darles forma, ni estructura, menos sentido; es la sobra de pasión que inunda y se desborda, y con temor profundo pareciera que nunca será satisfecha más que en aquel instante desesperado al cual no sabemos cómo enfrentar ni tú ni yo sino juntos los dos un yo. Sentir que las amarras de la impudicia se desatan sin límites conocidos más que los que la naturaleza física impone. Lo tuyo y lo mío transformado en lo tuyomío, lo nuestro; allí estamos: lo mostramos como y donde debe ser. Esto lo digo o lo dices sin cansancio, y aún así, cada vez que sucede, la emoción explota cuando todo lo que se arremolina por dentro escapa, la más de las veces al unísono: la una parte con la otra, en el éxtasis iniciador de cambios futuros, y siempre, una parte de mi ser se queda en ti y de ti en mí. Eso digo y dices siempre: La otra parte nunca me olvida.

A la primera ocasión se le teme como si fuera la fruta prohibida del Paraíso Terrenal , que bien pudiera serlo, pero eso ya sería otro cuento. Eso sí, una vez en el camino, nada detiene: como el trozo de roca que causa la avalancha; ya después, como que se ve en la frente el signo del deseo persistente de ser dos en uno, de otra forma: ¿Por qué te busco? ¿Por qué me buscas? Ahí se queda estampado el signo por el placer de convivir en las intimidades del cuerpo. Mi cuerpo y el tuyo convertidos y maximizados en una tercera opción convoluta, entregada a la conmoción, al espasmo, al estremecimiento y al despertar de todos los sentidos sin ni siquiera saberlo. Es la escuela del goce con la lección en la praxis.

 

 

 

 

La casta natural

 

 

@ Agitadoras.com 2014