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ISSN 1989-4163

NUMERO 54 - VERANO 2014

La Nieve Caliente

Holly

Lo que encuentro más fascinante de Helmut Newton es su capacidad para mostrar los límites de la personalidad de las mujeres. Hay un contraste entre sumisión y fortaleza, deseo y castración, belleza y sexualidad, maltrato y caricia que explica bien la dualidad, o la multiplicidad, de aspectos de la vida de una mujer. Sé que los hombres no son planos pero, a diferencia de las mujeres, su deseo puede ser evidente sin juicio ni castigo y suelen tener menos dobleces que las mujeres, quizá porque la violencia les rodea y tampoco se condena especialmente porque muchas veces se ve como fuerza, capacidad. En las mujeres, la crueldad es de otro tipo. A menudo psicológica pero a veces también física. Pero de una materialidad distinta. La violencia de las mujeres es el rechazo, la apatía, la desgana y la insatisfacción. La violencia de los hombres es el uso de su fuerza física. 

Siempre he pensado que el mundo de Helmut Newton , Newtonlandia si se prefiere, es femenino porque es opuesto al de, por ejemplo, Terry Richardson . No es porque Richardson sea sexual, al contrario, ni porque roce -o sea- pornografía con chicas más guapas... es otra cosa. A Richardson le gusta degradar. Hay algo que te tiene que poner los pelos de punta, si eres modelo, y te llaman a trabajar con ese hombre. Sus chicas parecen colocadas la mayor parte de las veces y fingidamente alegres a su lado, generalmente, con él desnudo también.

En el caso de Helmut Newton no hay nada de eso. A Newton le gustan las mujeres. Todas. Pero, claro, más las bellas, más las fuertes, más las poderosas. Es verdad que prefiere a las rubias, altas y delgadas, con piernas largas. Pero tiene muchas fotos con fuerza de mujeres morenas, de mujeres feas y de maniquíes de plástico que, por otro lado, parecen de carne. No es que Helmut Newton no torture un poco a sus modelos, eso va en el oficio del fotógrafo, pero sus modelos nunca son trozos de carne. Carne bonita, como las de Richardson , pero carne. Carne de cadáver, despedazada y troceada, casi violada.

Newton, en cambio, tiene un cosmos propio. Generalmente es de sol, con palmeras, con fotos a color, vestidos vaporosos, mujeres en bañador, pelos con mucha laca, casas de lujo, piscinas de aguas turquesas y arenas doradas. Todo ello contra cielos muy azules, aceras muy blancas y demás repertorio. Valen también las habitaciones de hotel, bien lujosas bien sórdidas, y las calles de París, sobre todo, o de alguna ciudad, de noche, iluminadas con la luz eléctrica, y con mujeres congeladas en algún momento de su deseo. Vulnerables porque quieren, generalmente. Porque se dejan. A veces maltratadas, cierto. Pero es que a las mujeres a veces las maltratan.

Suele uno asociar a Helmut Newton a las imágenes en color aunque a mí me gusta mucho su fotografía en blanco y negro y varias de esas imágenes son las más famosas. También me parece que uno asocia el verano a las imágenes en color: la arena blanca, el mar azul, antorchas o similar, y vestidos coloridos y vaporosos, movidos por el viento y mojados por el agua. Eso es lo que se suele ver en Vogue y similar. Pero en 1965, en verano, Helmut Newton publicó este editorial, todo en blanco y negro. No es que sea un trabajo memorable, por supuesto que no, pero yo lo encuentro bonito y eso me vale.

Me gustan porque hay ventiladores y me gustan los ventiladores. Me gustan porque el blanco y negro puede ser cálido. Porque la nieve es blanca y puede resultar caliente.

 

 

 

 

 

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