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ISSN 1989-4163

NUMERO 18 - DICIEMBRE 2010

Superserdada

Ricardo Triviño

Ahora que el cómic y la nostalgia se han revalorizado, es frecuente la reedición de historietas antiguas. Tebeos que en su día apenas llegaron a unos pocos lectores o que simplemente fueron tachados de entretenimiento pueril, hoy son ofrecidos a un segmento de público mayor en forma de documento recuperado. Por supuesto, un documento histórico tiene un precio mucho más elevado que un "simple" tebeo aunque, desgraciadamente, la calidad que cabría esperar del mismo a menudo no se ajusta a esta subida.

Un ejemplo claro son las recopilaciones de Ediciones B. De sus archivos han desempolvado historietas del TBO, páginas de Escobar y de Vázquez o aventuras del Capitán Trueno y el Jabato. El proceso de elaboración de estos volúmenes parece centrarse en coger un par de tapas de sus colecciones de Superhumor y empezar a echar dentro hojas como lonchas de mortadela, sin orden ni concierto, hasta que quede bien lleno el bocadillo. Esto demuestra un muy bajo aprecio por el material que manejan y, consecuentemente, consiguen que dicho material tampoco llegue a merecer demasiado respeto. Este método de trabajo tampoco les debe parecer mal a los editores de La Cúpula, que recientemente han sacado al mercado un precioso volumen de Superserdo, el antihéroe creado, junto con Tony Bell, por Gilbert Shelton en los sesenta.

En Las mejores historias de Wonder Wart-Hog, El Superserdo (1978-1999) se recoge una hilarante selección de historietas del personaje. Sin capacidad para juzgar si ciertamente son "las mejores", lo claro es que la selección y el orden del contenido es, sin paliativos, nefasto. La primera aventura trata de cómo Superserdo entra en un equipo de fútbol americano con el cachondo nombre de "Los sobornables" y es corrompido por el dinero. Luego, hay una historia en que el antihéroe y su identidad secreta, el debilucho y gris Philbert Desanex, entran en las elecciones para presidente tras varios y ridículos magnicidios a manos de una gran corporación. Es en la tercera historieta donde se nos habla, por fin, del origen de Superserdo en una clara parodia de Supermán. Hasta aquí, y a falta de un prólogo qué explique algo sobre el personaje o su autor, uno puede llegar a pilotar sin estrellarse.

Sin embargo, de repente, aparece el "Retorno desde el planeta de los cerdos". En una nota original de la primera viñeta, el autor nos informa de que es la continuación de "¡La invasión de los cerdos de Urano!", capítulo que no está recogido en el presente volumen. Mientras el lector se está imaginando qué pudo pasar para que unos cerdos invadieran la Tierra, y si ese episodio realmente existe y no es una broma más del ingenio de Gilbert Shelton, aparece otra segunda parte: "Philbert consigue un trabajo". Sin embargo, la primera parte de esta historieta sí que está en el libro pero justo después. Es decir, el lector se encuentra las dos partes pero en orden inverso. Finaliza el volumen con dos historietas que contrastan con el resto: una historieta psicotrópica de Desanex en que se narra casi sin palabras su sueño número cien mil y otra que no es más un chiste de tres páginas.

Como resultado, el lector se acerca a este personaje de Gilbert Shelton y sale sin entender nada. ¿Cuál es el origen de la obra? ¿A santo de qué la han publicado? ¿Quién es este tal Shelton, cuyo estilo se parece a Crumb (si es que se ha leído a Crumb, claro está)? ¿Fue autoeditada? ¿Apareció en revistas?¿Se concibió la obra de la manera desordenada con que la presenta el libro? ¿Cómics underqué? Un montón de dudas que estropean una experiencia que podría haber sido fantástica gracias al dibujo recargado y detallista de Shelton, a su humor lacerante y crítico, a la acertada traducción de Felix Sabaté y Lorenzo Díaz, a la siempre excelente rotulación de Iris Bernárdez,... Pero no, todo acaba en confusión y enfado porque no se entiende nada y el libro de marras ha costado diecinueve eurazos.

Ya no son únicamente los nuevos lectores que puede haber dejado de ganar Shelton por culpa de la edición de La Cúpula, sino los muchos fans que se sentirán decepcionados porque esta antología sólo aporta una encuadernación nueva pero ninguna novedad. Lo que nos lleva a concluir que en medio de este revival viñetil hay quienes se aprovechan y nos venden la comida que evacuamos ayer envuelta en el papel de plata del hoy. Y aunque brille, señores, huele y mucho.

 

Superserdo

 

 

 

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